miércoles, 16 de mayo de 2007

Con qué fuerza moral hablo de Cantabria

Me pregunta anónimo con qué fuerza moral puedo hablar de Cantabria, afirmando que yo soy burgalés.
Bien, ha de saber que Ud. parte de un gran error. Lo siento, soy santanderino, nacido en el Hospital de Valdecilla, aunque en realidad mi origen es, como todos los Sebrango, lebaniego.

De todas formas, interpreto que Ud., por su pregunta, es un convencido defensor de la autonomía de Cantabria, lo cual está muy bien, pero debería Ud. conocer el Estatuto de Autonomía de Cantabria, que señala que somos cántabros los nacidos y los residentes legalmente en Cantabria.

Además, nada importa donde hayamos nacido para poder hablar de Cantabria, siempre defenderé que un ceutí que viva en Cantabria pueda opinar lo que desee de Cantabria, o un cacereño, o un conquense. Tienen todo el derecho del mundo, y exactamente en la misma proporción que yo, aunque tenga un apellido pura y exclusivamente lebaniego, el Sebrango, y además de los más antiguos de esta tierra.

Su comentario o pregunta rezuma xenofobia, pues negar legitimidad o fuerza moral a cualquiera por razón de su nacimiento ya está inventado en España, lo llevan haciendo los nacionalistas vascos y catalanes desde hace décadas. Sea tolerante, porque España, País Vasco y Cataluña incluidos la hicimos entre todos los españoles, y Cantabria también, luego todos tienen derecho a vivir aquí, y además a quejarse si lo entienden necesario.

Y por supuesto, yo nunca he considerado a los cántabros como "pobres hombres", como Ud. señala en su comentario, pues en ese caso yo sería de los primeros pobres hombres.

En todo caso, gracias por preguntar.

Contesto al por qué de entrar en política

Gracias por preguntar.
El por qué de meterme en política requiere una contestación muy larga, pues no hay que descartar miles de componentes, incluso inconscientes en esa decisión. Ahora bien, hay una que destaca sobre las demás, y es la constatación de un mal funcionamiento de nuestra democracia. La sociedad civil no tenemos mecanismos de influir en las decisiones políticas, salvo que seamos grandes promotores o constructores y dispongamos de ingentes cantidades de dinero para "influir".El resto de la sociedad civil no nos queda más remedio que jugar en el terreno de los políticos si queremos cambiar algo que creemos fundadamente que ha de cambiar. Si no, sólo nos queda el eterno recurso de quejarnos continuamente y desahogarnos en conversaciones de cafetería. Eso, y me ha llevado mucho tiempo entenderlo, no es eficaz, y sí en cambio disputar con la política profesional en su terreno de juego. Es un mal remedio, pero si nuestra democracia funcionara bien, no sería imprescindible dar este paso, que por tanto es agridulce.
Siento extenderme, pero entre otras, una razón para votarnos es la necesidad de conseguir una Cantabria que esté entre la España que cuenta, de la que llevamos ausentes 20 o 25 años. La segunda que necesitamos una Cantabria Limpia, donde cada día tenga más dificultades de desarrollo la corrupción política en todas sus variantes. Y la tercera es que tenemos la posibilidad de cambiar el sentido de la representación política, haciéndola recaer progresivamente en el interés del servicio al ciudadano, y no al partido, implantando un sistema de elección en listas abiertas y con limitación de mandatos a 8 años.